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Cultura de Paz

De la Haya y la JEP

por Diego Aretz, junio 16 de 2019.

De la Haya y la JEP

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por Diego Aretz

En un hecho histórico, más de mil colombianos marcharon hacia la Corte Penal Internacional de La Haya para visibilizar el asesinato de líderes sociales.

El 5 de abril, en un hecho histórico, más de mil colombianos y extranjeros amigos de la paz en Colombia, marcharon hacia la Corte Penal Internacional de La Haya para visibilizar la difícil situación que vive el país, particularmente el asesinato de líderes sociales y la falta garantías para la implementación de los acuerdos de paz. Allí, los esperaba la Corte para escuchar los testimonios de decenas de víctimas del conflicto armado.

“Así seguimos andando, curtidos de soledad, y en nosotros nuestros muertos, para que nadie quede atrás.”

Los Hermanos Atahualpa Yupanqui

Foto : Diego Aretz

El 5 de abril de 2019, la Fiscal de la Corte Penal Internacional Fatou Bensouda, una mujer nominada por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo, estaba preparada en sus oficinas de la Corte Penal Internacional, para recibir los casos colombianos y a 46 victimas del conflicto armado, 46 victimas acompañadas de más de mil colombianos y colombianas de todos los rincones del mundo, caminantes de París, activistas de Colombia, decenas de estudiantes de diferentes universidades en Europa, de España, de Francia, de Colombia, algunos políticos colombianos y demás. Todo un movimiento en torno a las víctimas y a la grave crisis de justicia que se vive en Colombia.

La historia de injusticia tiene un pasado sin precedentes en Colombia. Colombia no sólo es uno de los países más desiguales del mundo, es también uno de los países más injustos e impunes. En Colombia, la impunidad es de tamaños tristes y descomunales. Según el fiscal general de la nación, en el 2015 se habrían cometido en el país 3,5 millones de delitos y sólo se produjeron 51.000 sentencias condenatorias, lo que equivale a sólo el 6 % de las noticias criminales efectivas que se registraron en la Fiscalía. Las cifras de impunidad han crecido, habían bajado desde los últimos años, pero desde la llegada de Duque al poder las cifras comenzaron a tener un aumento gradual.

A esta oleada de impunidad, se suma el recrudecimiento del conflicto en diferentes zonas con la aparición de grupos neo-paramilitares en distintas zonas del país, atentados nuevos del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y la aparición de las llamadas disidencias de las FARC (grupos de violencia común con un énfasis en contrabando y narcotráfico).

En este contexto se da en La Haya uno de los movimientos más increíbles en la historia reciente de la comunidad internacional Colombiana y de la sociedad civil.

Escribí esta crónica partiendo de una reunión en Moabit, un barrio en Berlín, donde unos 50 Colombianos de diferentes barrios se congregaron para preparar el viaje que los llevaría a la Haya, la mayoría jóvenes estudiantes de Universidades Alemanas. Fueron convocados todos los colombianos de la diáspora Colombiana, interesados en participar, marchar y apoyar a las víctimas en La Haya.

De Berlín a la Haya, hay 10 horas en auto, mientras unos preparaban tinto con panela, otros escribían vallas de colores con avisos como “Proteger la JEP” “PAZ YA” “Todos con la MINGA” “No más lideres asesinados”…

Aunque acudía como periodista, me pidieron conducir uno de los autos, salíamos a las 11 pm y debíamos llegar a La Haya a las 9 am. Manejar en la autopista en Alemania no es fácil; usualmente se maneja a velocidades que superan los 130 km por hora. Nunca había manejado para tanta gente en un carro en Alemania y nunca había estado en un carro con tantos colombianos en Europa. Mientras escuchábamos salsa y cumbia y saboreábamos ese momento único de estar y no estar en nuestro país. Ese momento que siente el refugiado cuando no está en su país, el momento que siente el perseguido cuando escucha algo de su país, en otro país, que al fin y al cabo no es el suyo.

Paramos varias veces en la ruta a descansar, darnos ánimo y conocernos. Muchos no nos conocíamos, estábamos en un auto en la noche Alemana, con el único objetivo de pedirle a la Corte Penal Internacional, que mirara a Colombia y protegiera la JEP.

La llegada a la Embajada de Colombia en La Haya estuvo llena de emoción, los Colombianos son un pueblo colorido, y ese color y esa alegría se ve con mayor claridad en un contexto más sobrio y plano como el Europeo. La marcha fue escoltada por la policía Holandesa. Cuando llegamos, nos encontramos mujeres y hombres de Londres, Paris, Madrid, Barcelona, Suiza, Bogotá, Cali, Medellín, de numerosas ciudades medianas y pequeñas del mundo.

La idea de la protesta era realizar un recorrido desde la Embajada de Colombia en La Haya hasta la Corte Penal Internacional.

Lo recorrimos, yo con una cámara y los otros con sus pancartas, sus megáfonos, sus vestidos de colores, su alegría, su tristeza, pidiendo justicia, pidiendo paz. Pedir justicia es quizás una de las reparaciones más importantes para las víctimas de largos y dolorosos conflictos, como el conflicto Colombiano.

Una larga fila de colombianos, desconocidos entre sí, una protesta de hermanos pidiendo justicia y paz.

Rostros que revelan la tristeza, el sufrimiento y la impotencia que tiene una población violentada, que ha tenido que sufrir la guerra y la impunidad por décadas. Sin embargo también, la alegría que nos caracteriza en todo lo que hacemos, una alegría que asombrosamente tenemos aún en los momentos más oscuros y que quizás nos ha salvado en la vórtice de nuestros conflictos.

La petición General de la protesta social fue proteger la JEP y pedirle a la Corte que escuche a las víctimas de crímenes de lesa humanidad en Colombia, crímenes de grupos al margen de la ley, crímenes de Estado como los llamados Falsos Positivos (que actualmente lleva la JEP) y que observe los casos de los cientos de líderes sociales asesinados después de la firma de los Acuerdos de Paz, en hechos que nos recuerdan el genocidio de la Unión Patriótica.

Una de las cosas más llamativas de la demonstración en La Haya es la inmensa participación de mujeres de todas las edades, algo que se ha venido dando en casi todas las protestas sociales y políticas en Colombia. En el caso de La Haya los organizadores y la policía Holandesa estiman que un 70 u 80 % de los asistentes eran mujeres.

De las mil personas que asistieron a la marcha, sin embargo hay un grupo especial de abogados internacionales, académicos en diferentes universidades europeas e influenciadores de alto nivel internacional, que llevan varios casos de la situación Colombiana y que lograron un hecho histórico: que la corte más importante del mundo haya cerrado sus puertas para recibir a un grupo de víctimas. La movilización del 5 de abril fue históricamente la más grande de la diáspora colombiana y reveló no sólo su intención de apoyar el proceso de paz y justicia de Colombia, sino su capacidad de injerencia.

Aunque con dificultad, pude entrar con las 46 víctimas a la Corte, dentro, con una máxima seguridad, las fotografías y video estaban totalmente prohibidos. Entrar a la corte es como entrar al Búnker de la fiscalía; hay 4 filtros de seguridad, durante varios años los arquitectos Schmidt, Hammer & Lassen, hicieron del edificio uno de los más inexpugnables del mundo. Una de las víctimas que venía del Cauca no pudo entrar porque el atentado de neo-paramilitares en su contra, además de causarle la pérdida de la visión y parte de su movilidad, también le borró sus huellas digitales.

Con profunda emoción, las victimas entraron a la Corte. Adentro, los esperaba el equipo de la Fiscal Fatou Bensoada para recibir la documentación, sólo 2 víctimas entraron como voceras a la reunión. Los funcionarios de la corte recibieron a las víctimas con simpatía y cordialidad, no dejando entrever la grave crisis que se vive hoy en los sistemas internacionales de justicia; ese mismo viernes, el gobierno de Estados Unidos le retiró la visa a la fiscal Fatou Bensouda.

Aunque la prensa nacional opacó la importancia de este suceso al referirse en sus titulares principalmente a la presencia de Gustavo Petro en La Haya, tanto él como los organizadores y víctimas de la protesta fueron contundentes en resaltar que esta protesta no tenía ni objetivos ni afiliaciones políticas. La marcha contó con la presencia de personas de todas las vertientes y ciudadanos sin afiliación alguna a partidos. En declaraciones para este artículo, el senador Gustavo Petro resaltó el papel de reconciliación y justicia que la corte debe tener y pidió, como actor social y político, que la corte escuche a las víctimas. Gustavo Petro y Gustavo Bolívar participaron en la manifestación pero, a diferencia de las 46 víctimas, no ingresaron a la corte.

En esta coyuntura histórica, el principal objetivo es proteger la JEP. Es evidente el interés del actual gobierno en reformar y obstaculizar la labor de este órgano, considerado por expertos como la columna vertebral del proceso de paz. El gobierno estadounidense ha intentado también ejercer presión con acciones tales como quitar visas a magistrados e invitaciones a congresistas a casa del embajador estadounidense. La petición de Salvatore Mancuso de ser acogido en la JEP, muestra la importancia que tiene este organismo y todos los miedos que provoca la justicia en un país donde, según el ex fiscal Martínez, hay un 99% de impunidad.

Al final de esa tarde en La Haya, todos nos fuimos al mar, era un lugar de reunión de todos los movimientos llamado la Ballena Azul, así vimos el sol caer en La Haya, ante los ojos incrédulos de los meseros holandeses, que parecían pensar que todo era un sueño. Así terminó el día en La Haya, en una ciudad Europea, los más de mil colombianos se preguntaban si la justicia iría a llegar algún día.

       

Resistencias

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