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Cultura de Paz

Del barrio Bolívar 83 de Zipaquirá a los Campos-Elíseos

por Yves Moñino, septiembre 1 de 2019.

Del barrio Bolívar 83 de Zipaquirá a los Campos-Elíseos

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por Yves Moñino

El triunfo de Egan Bernal en el Tour de Francia resalta su confianza tranquila, su amor a la gente de su pueblo, y también que no se le suben los humos a la cabeza.

La victoria del primer colombiano en ganar la prueba reina del ciclismo, el Tour de Francia, llenó de alegría a todo el país. Y en primer lugar a los medios populares que, a pesar de la pobreza, la exclusión social y el asesinato impune de centenares de sus líderes sociales, no se dejan amilanar y ven en el triunfo de un hombre salido del pueblo sobre todo razones de esperanza y la oportunidad de olvidar un momento las dificultades de su vida cotidiana.

El ciclismo es uno de los deportes más exigentes, el que pide más sacrificios, sobre todo las tres grandes competiciones que son el Tour, el Giro y la Vuelta. Miles de kilómetros a tragarse, cuestas escarpadas en montaña, accidentes frecuentes: esta es quizás la razón de por qué el ciclismo atrae poco a los hijos de papi, quienes prefieren el tenis. En cuanto a los ciclistas, ellos se reclutan en su inmensa mayoría, entre los obreros, los campesinos y los tenderos modestos. Todos estos están acostumbrados al trabajo duro, a los sufrimientos físicos y a las inclemencias del clima.

El esfuerzo y el sacrificio no los asustan. Unos ejemplos entre tantos otros : Maurice Garin, el primer vencedor del Tour en 1903, fue deshollinador, Ottavio Botecchia, ganador de la prueba en 1924 y 1925, era albañil, Fausto Coppi (vencedor en 1949 y 1952) había sido aprendiz charcutero, Louison Bobet, el primero en conseguir tres Tours de Francia (1953, 1954,1955), fue aprendiz panadero, Jacques Anquetil, vencedor de cinco Tours (1957, 1961 a 1964) fue obrero ajustador, Eddy Merckx, el segundo que ganó cinco Tours, era hijo de carpintero, etc.

Y los colombianos Nairo Quintana, Egan Bernal y muchos otros, no son excepciones a esta regla. ¡Habrá que esperar 1983 para ver por fin un bachiller, Laurent Fignon, ganar el Tour! En esa época, solo 3% de los ciclistas profesionales tenían un bachillerato, o sea ocho veces menos que los jóvenes de su generación.

 

« Hablar tres lenguas extranjeras, tocar piano y el gusto de la lectura hacía que le trataran pronto a uno de intelectual, lo que es casi obsceno en este oficio »

escribía el ex ciclista Erwan Menthéour en su libro Secret Défonce (“Secreto Traba”, un juego de palabras con “Secreto Defensa”) sobre el dopaje organizado por laboratorios farmacéuticos, libro que salió en 1999.

El ciclismo es quizás el deporte más solidario que existe: un deporte cuyos representantes más dotados no son nada sin la colaboración cotidiana, adentro de un equipo, de corredores menos dotados y pagados al sueldo mínimo pero que se la juegan colectivo.

Esto es tan cierto que el dinero que trae una etapa o un premio al vencedor va a una vaca común: al final de la prueba ciclista toda la plata se distribuye en partes iguales entre los miembros de cada equipo. Y desde los años 80, las primas a los vencedores de etapas, de esprints intermediarios, al primero en llegar a una cumbre, etc., así no hayan alcanzado, y por mucho, los sueldos faraónicos de los futbolistas, pilotos de Formula 1 o tenistas, han estado subiendo fuertemente: indiquemos solemente que el tenista que gana el torneo de Roland-Garros se lleva 1.800.000 €, cuando en el curso de los 21 días del Tour de Francia 2019, 2.000.000 € fueron distribuidos como primas al conjunto de los 176 corredores.

Algunas precisiones: Egan Bernal, Maillot Jaune en los Campos-Elíseos, recibió 450 000 € para él y su equipo, el segundo, Geraint Thomas, 200.000 € ; la prima del quinto del Tour, Julian Alaphilippe, aun es de 50.000 € y la del 10o, 3.800 €. Una victoria de etapa trae 8.000 €. Vestir el Maillot Jaune solo ofrece 350 € por día. La linterna roja del Tour de Francia recibe una prima de 400 € por haber terminado la carrera, así como todos los corredores que acabaron más allá del 90o puesto; la recompensa es escasa para el proletariado del pelotón.

El ciclista profesional es el asalariado de su equipo que le asegura la mayoría de sus ganancias. Insisto en que las primas son compartidas en diez partes iguales adentro de cada equipo al final del Tour: una parte para cada uno de los nueve corredores y una para el personal.

Antaño, hasta los años 70, las ganancias mucho menos importantes de los campeones ciclistas profesionales les permitían, cuando se jubilaban, abrir un pequeño negocio, en general un pequeño restaurante o un almacén de bicicletas. Hoy en día, la educación de los ciclistas durante su carrera profesional y las sumas más importantes que sacan de su oficio los conduce a abrir centros de deporte o de talasoterapia, a volverse entrenadores de jóvenes talentos o locutores de deporte en la radio y en la televisión.

Me gusta Egan Bernal, su confianza tranquila, su amor a la gente de su pueblo, y también que no se le suben los humos a la cabeza. Sigue siendo sencillo, modesto. Prefiere festejar su victoria con su familia, sus amigos y las gentes de su ciudad de 130.000 habitantes, Zipaquirá, famosa por sus minas de sal adentro de las cuales se cavó una catedral cuyo guardián es el padre de Egan. No quiere comprometerse con los políticos del gobierno que quisieran aprovechar el halo de su victoria para atribuirse una parte de su mérito y rehacerse así una virginidad bien comprometida por las mentiras, la corrupción y los casos penales.

El presidente Iván Duque, quien al parecer no conoce las diferencias de jerarquía entre las condecoraciones oficiales que distribuye à diestra y siniestra, primero había anunciado que le otorgaría la Orden del Mérito, una distinción menor. Tras muchas protestas, lo va a condecorar con la Cruz de Boyacá, la misma que recibió, entre otros políticos corruptos, Ernesto Macías, ex presidente del Senado llamado ante la justicia por corrupción. El cínico pero lúcido emperador Napoleón decía, al crear la Legión de Honor (la más alta distinción concedida en Francia), que « las cruces de la Legión de Honor son chupos para satisfacer la vanidad humana ». En Colombia, como en Francia, estas medallas sirven a distinguir también a muchos amigos del poder, y son comparadas a la « mermelada », lo que alude a los chanchullos políticos.

Megan Rapinoe, co-capitana del equipo estadounidense de futbol femenino, se negó a cantar el himno americano para protestar contra la política de Donald Trump. Declaró, en presencia de todo su equipo, durante la fiesta que celebraba la victoria en Nueva-York con miles de aficionados:

« Yo no voy a ir en esa puta Casa-Blanca. Esto es lo que les pido a todos : debemos mejorarnos, debemos amar más, odiar menos, escuchar más, hablar menos. Con los que están de acuerdo y con los que no, es de nuestra responsabilidad hacer de este mundo un mundo mejor ».

Como buen colombiano, Egan es más prudente (deportistas fueron matados por menos que eso), pero no se queda atrás. Cuando regresó a Zipaquirá después de su victoria triunfal, el 7 de agosto de 2019, delante de la multitud reunida en la plaza principal de la ciudad, en presencia de sus predecesores que prepararon el terreno de la gesta ciclista colombiana en las grandes pruebas (Cochise, Lucho Herrera, Fabio Parra, Rafael Antonio Niño, Pajarito Buitrago, Mauricio Soler, José Patrocinio Jiménez y Zipa Forero), Bernal expresó su afecto y admiración, en especial a Nairo Quintana. Dijo, entre otras :

« Me siento muy orgulloso de aportar algo a la sociedad, de dar esperanza a tantas personas que tienen sueños en su vida ».

Luego, de su página Instagram y de una entrevista que concedió a la periodista Vicky Dávila, extraigo algunos pasajes significativos.

Frente a los personajes públicos que hubieran querido estar presentes en el homenaje para entregarle medallas, las llaves de la ciudad y condecoraciones varias, Egan dijo:

« No, el homenaje no es para mí, es para la gente. Yo no vine a ser homenajeado sino a dar gracias. Y quiero estar con la familia del ciclismo, no con políticos ».

También reaccionó a las protestas y a los mensajes llenos de odio en las redes sociales que suscitó una declaración de Gustavo Petro en Twitter, quien decía :

« Egan Bernal vivía en un barrio que es parte de la historia de Zipaquirá : el Bolívar 83, el barrio del M19, el barrio que con mis manos a mis 21 años ayude a construir y dirigir en plena lucha con toda su comunidad. De allí salí a la tortura y la cárcel ».

Un segundo tuit de Petro decía :

« El barrio Bolívar 83 se fundó en el bicentenario del natalicio del Libertador, dirigimos una toma de tierra de la curia, 1.500 personas, en su mayoría mujeres, lucharon, resistieron el desalojo y construyeron con trabajo comunitario el barrio, fue el hogar del campeón del tour de France ».

No puede ser más clara la respuesta de Egan :

« Yo vi el trino de Petro y no entendí por qué la gente le dio tan duro. Sí había escuchado que él hizo este barrio, no entendí por qué la gente le dio tan duro, me pareció normal ».

Bernal no consideró pues estos tuits como opportunistas, ni como una tentativa de Petro de apropriarse su victoria en el Tour :

« … ni que él se hubiera apropiado del triunfo. Iba a responder, pero después dije que me iban a criticar a mí. Debe tener un trasfondo de lo que no quiero hablar en este momento. No me pareció un mal trino, pero tampoco iba a decir ‘gracias don Petro’ ».

Y por fin esta conclusión sobre las políticas sociales :

« La verdad, yo no sé qué tan grande sea el presupuesto del país para el deporte y a mi como deportista me gustaría que invirtieran más, pero también hay otros temas y problemas sociales que tiene el país ».

Yves Moñino

Ciclismo, Egan Bernal, Ivan Duque, Tour de France

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