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Memoria histórica

[Especial 1/3] La importancia del movimiento estudiantil en Colombia

por Editor, noviembre 6 de 2019.

[Especial 1/3] La importancia del movimiento estudiantil en Colombia

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por Editor

A través de este artículo invitamos al lector a hacer memoria y a comprender la importancia del movimiento estudiantil en la historia política, económica y social del país.

Número especial de la editorial de Pazport sobre los movimientos estudiantiles en Colombia. Perspectiva histórica y fenómenos de movilización actuales.

Octubre-noviembre 2019

Por: Juan Santoyo
Felipe Páez Barahona
Ricardo Arcos-Palma

La protesta social en Colombia carga con el peso de la estigmatización por parte de las instituciones gubernamentales y los medios de comunicación masiva. La protesta estudiantil en particular tiende a ser reducida al vandalismo lo cual refleja no solo el desprecio clasista de la sociedad colombiana por los sectores populares del país y los estudiantes, sino también – más grave aún – el sometimiento del sistema de educación nacional al endeudamiento y la privatización. Como si fuera poco, el derecho a la huelga y la manifestación está hoy más que nunca en riesgo por el contexto político que atraviesa Colombia y Latinoamérica en general.

Los movimientos estudiantiles y los hitos históricos

Un año después del paro nacional estudiantil que llevó al gobierno de Iván Duque a sentarse con miembros de la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior (UNEES)[1], los estudiantes de varias universidades del país han vuelto a salir a las calles durante el mes octubre de 2019 a ejercer su derecho a manifestarse en contra de la corrupción que carcome las entidades públicas en Colombia. Esta vez, han sido los estudiantes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas que han denunciado actos de corrupción en el seno de la institución.

Fuente: El Espectador

En acto de solidaridad, los estudiantes de varias universidades públicas y privadas en el país han respaldado las manifestaciones capitalinas con marchas. En varios escenarios nacionales, los universitarios han sido agredidos por miembros de la fuerza pública y las confrontaciones violentas opacan la importancia de estas manifestaciones. Aun así, el movimiento estudiantil sigue creciendo. En varias Instituciones de Educación Superior (IES) se han realizado asambleas y se pactó en varias instituciones la Asamblea Permanente, como es el caso de la Universidad Pedagógica Nacional.

En Colombia y en el mundo los estudiantes han jugado un papel esencial en la historia social y política de las sociedades. Por ejemplo, las movilizaciones estudiantiles son históricamente agentes de cambio, momentos disruptivos y muchas veces determinantes en decisiones cruciales para el futuro de los países: el movimiento conocido como la 7ª Papeleta fue liderado por estudiantes al final de la década de los 80 y generó, con apoyo de varios sectores políticos, la transformación de la Constitución Política que entró en rigor en 1991. Lo mismo podemos ver en el movimiento de los Cuadrados Rojos en Canadá o el movimiento de estudiantes de liceos que se extendió a los universitarios en Chile, ya entrado el siglo XXI. El libro de Richard Santamaría Sanabria: “La importancia del movimiento estudiantil en Colombia”, narra 131 años de participación de los distintos movimientos estudiantiles en varios procesos vitales del país.

(Foto 1)
Fuente: El Espectador

Las movilizaciones colombianas han tenido cúspides fuertemente relacionadas con la situación internacional, como durante la gran crisis económica de 1928 que afectó los sectores productivos nacionales, y durante el episodio de la masacre de las bananeras. Estos eventos dieron paso a las primeras movilizaciones estudiantiles en la Universidad Nacional el 9 de junio de 1929 y a los primeros estudiantes asesinados por militares y miembros del orden público (Foto 1). Desde entonces, el movimiento estudiantil ha evolucionado y se ha reorganizado bajo diferentes identidades siempre en la defensa de una educación pública, autónoma, accesible y de calidad para las clases populares del país.

En 1953, tras el golpe militar de Gustavo Rojas Pinilla, surge la primera organización estudiantil estructurada con la Federación Universitaria Colombiana (FUC). El 8 de junio de 1954, fecha de aniversario número 25 del asesinato del estudiante Gonzalo Bravo Pérez[2] (8 de junio de 1929), se realizó, como ya era una costumbre, una marcha hasta el cementerio central. En esta ocasión, el Ministro de Gobierno no autorizó la marcha. Sin embargo, los estudiantes se rebelaron ante tal decisión y llegaron al cementerio a rendir tributo al “estudiante caído”. En la vuelta hacia la Universidad Nacional, un grupo de 100 estudiantes fue rodeado por policías para ordenar el desalojo de la Universidad. Frente a la negativa de los estudiantes, los policías abrieron fuego dando de baja al estudiante Uriel Gutiérrez. Al día siguiente, el 9 de junio, estudiantes de universidades públicas y privadas se unieron en una sola voz en memoria del “estudiante caído” en paso conjunto hacia la plaza de Bolívar. La enérgica manifestación fue detenida a escasas cuadras por el ejército que volvió a abrir fuego contra los estudiantes, dejando un saldo de 8 estudiantes asesinados. A raíz de la masacre de junio de 1954, nace la Federación de Estudiantes de Colombia consagrando, mediante la resolución N°2 de 1954 de la Federación, el 8 y 9 de junio como el “día del estudiante caído”.

En 1956 los estudiantes colombianos inician grandes protestas contra la dictadura militar de Rojas Pinilla obligándolo a renunciar el 10 de mayo de 1957. Durante estas luchas y a raíz de la muerte de varios estudiantes, se crea la Unión Nacional de Estudiantes Colombianos (UNEC), liderada por Antonio Larrota.

El mismo año que el Movimiento 26 de Julio derrota al ejército de Batista en Cuba, nace en Colombia el Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino (MOEC) dirigido de nuevo por Antonio Larrota. En junio de 1957 se realiza el 1er Congreso Nacional de Estudiantes donde se proclaman principios como la libertad de enseñanza y de investigación científica; la autonomía universitaria y la oposición al militarismo, a la dictadura y a la presencia de tendencias políticas religiosas. El bipartidismo que gobierna a Colombia y la censura a las actividades estudiantiles incentivan la radicalización del movimiento.

El cuerpo del movimiento estudiantil va a consolidarse en los años 60 durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo abriendo camino a la creación de los consejos estudiantiles[3] que se empeñan en defender e impedir la privatización de la Universidad Pública.  Como muestra de ello, en 1964 una marcha simbólica emprendida por 25 estudiantes desde Bucaramanga hasta Bogotá fue apoyada e integrada por varios estudiantes a lo largo del camino y fue recibida por 500.000 personas en la Plaza de Bolívar en la capital de la República.

 La perspectiva política del movimiento estudiantil liderado por la Federación Universitaria Nacional (FUN) va a ampliarse en parte gracias al nacimiento del Frente Unido en 1965 por el entonces sacerdote Camilo Torres Restrepo, profesor de sociología en la Universidad Nacional.

En el 71, el llamado de los estudiantes logra no solo convocar a todas las universidades -públicas y privadas- sino también congregar a otros sindicatos y gremios bajo la consigna: “por una educación nacional, científica y de masas”.  El movimiento estudiantil del 71 hizo evidente el poder de convocatoria de la juventud para presionar a los entes gubernamentales.

En los ochenta la masacre del partido de izquierda Unión Patriótica mueren asesinados de igual manera estudiantes y defensores de derechos humanos. De mismo modo los estudiantes organizan paros ante la degradación de la Educación Pública. Las protestas por un “plan mínimo del Movimiento Nacional Estudiantil” buscaban retomar las reivindicaciones del movimiento de 1968-69, posteriormente perdidas en los años 80. Por ejemplo, la figura de los Consejos Superiores, entidades de decisión universitaria conformados por representantes del gremio y el clero, serán objeto de crítica.

El ataque frontal a la democracia colombiana con el asesinato de Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia por el Nuevo Liberalismo el 11 de marzo de 1990, activa nuevamente la organización de los estudiantes. La convocación estudiantil por la puesta en marcha de una “Asamblea Nacional Constituyente” fue impulsada en parte por el amnistiado grupo guerrillero M-19. Después de esto, durante más de diez años, el movimiento estudiantil se mantendrá al margen de acciones públicas.

Su reactivación se da en el 2011 debido a la reforma de la Ley 30, impulsada por el gobierno de Juan Manuel Santos. La masiva movilización de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) logra acuerdos con la ministra María Fernanda Campo y establece nuevas formas de manifestación como la movilización pacífica, abriendo espacios de interlocución con agentes del Estado.  

La reforma de la ley 30 propone la consolidación de un modelo universitario con ánimo de lucro que permite la entrada de capital externo en las instituciones oficiales y autoriza la utilización de recursos públicos por parte del gobierno en instituciones privadas. Como resultado, el aumento del financiamiento para las universidades públicas ha sido muy lento y por lo contrario, se ha ido disminuyendo mientras que el grueso de los gastos (infraestructura, manutención, cobertura, internacionalización, bienestar, nuevos programas académicos, desarrollo curricular) ha aumentado el doble. Esto ha provocado que, en Colombia, las universidades públicas tengan que utilizar sus propios recursos provenientes de sus cajas y no de los recursos nacionales, abriendo una brecha estructural de desfinanciamiento.

Lo que se conoce hoy en día como la deuda histórica entre el Estado y las universidades públicas es justamente un déficit de funcionamiento que conllevaa las instituciones académicas a subir los precios de las matrículas de inscripción y a buscar financiamiento. Esto se traduce en más dependencia y más riesgos de privatización.

Alejandro Palacio, Representante estudiantil al consejo superior de la Universidad Nacional en entrevista con la Silla Vacía el 11 de octubre 2019.

[1] se utilizan para involucrar a los estudiantes en el aprendizaje de la democracia y liderazgo en armonía con el profesorado y autoridades de la institución.



[2] Bravo Pérez se convirtió en el símbolo de la Unidad Nacional contra el despotismo y la figura del estudiante aguerrido: https://vidassilenciadas.org/victimas/2/



[3] Lea las 10 exigencias de los estudiantes de educación superior radicadas ante el gobierno en octubre 2018: https://www.elespectador.com/noticias/educacion/las-10-exigencias-de-los-estudiantes-de-educacion-superior-radicadas-ante-el-gobierno-articulo-815718

Bogota, colombia, MANE, Movimiento estudiantil, UNEES

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