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Cultura de Paz

Las manifestaciones del Paro nacional en Colombia: los jóvenes como actores sociales y políticos (2019 – 2020)

por Jaime Eduardo Jaramillo J., julio 15 de 2020.

Las manifestaciones del Paro nacional en Colombia: los jóvenes como actores sociales y políticos (2019 – 2020)

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por Jaime Eduardo Jaramillo J.

El papel de las juventudes en el contexto de renovación social producido por las protestas disruptivas del 21 de noviembre pasado.

Entre el 21 de noviembre y las primeras dos semanas de diciembre de 2019, se sucedieron en Colombia disruptivas manifestaciones políticas que por su carácter  masivo, desarrollo simultáneo en diversas ciudades y el lapso considerable e ininterrumpido en que tuvieron lugar estos  eventos, no habían tenido antecedentes en la historia del país. A nivel internacional se estaban expresando, a lo largo de ese año, multitudinarias e indignadas movilizaciones en calles y plazas de ciudades de distintos países, manifestaciones de protesta frente a las políticas agenciadas por Estados y gobiernos de diversas orientaciones.

Haciendo parte de esta corriente trasnacional (pero con la expresión de particularidades históricas, sociales y políticas), en Colombia ha tenido lugar en los últimos meses un imponente movimiento de protesta ciudadana. Este ha sido ideológica y políticamente plural,  intergeneracional,  multiclasista y multicultural. Pero debe subrayarse que han sido los jóvenes, y los adultos tempranos (y dentro de ellos, en primer término, los estudiantes universitarios), quienes han constituido el núcleo mayoritario y el motor de agitación de este inédito movimiento. Compuesto de estudiantes de secundaria y universidad que resienten condiciones educativas deficientes y, en especial, la incertidumbre y marginalidad de su futuro laboral. También han participado trabajadores precarizados (el “precariado”), así como profesionales emergentes que no perciben que se compensen sus largos estudios (con los conocimientos y competencias correspondientes), frente a las posibilidades que les confiere el mercado de trabajo. Constituye un emergente grupo social, más informado y educado que generaciones anteriores, el cual presagia una profunda mutación sociopolítica y cultural en el actual sistema-mundo y, en particular, en nuestra sociedad nacional, como la han realizado tantas veces los jóvenes en períodos de crisis y grandes transformaciones históricas.

Al retomar y desarrollar, con imaginación colectiva, expresiones características de movilizaciones acaecidas en los últimos años, se ha manifestado en este significativo movimiento  nacional una expresión “carnavalesca”, con finalidad política, mediante el desfile animado de disfraces, grupos musicales, actos teatrales y circenses, conciertos multitudinarios y también un concurrido “cacerolazo sinfónico”, en el emblemático  Parque de los Hippies en Bogotá. Estos eventos públicos, de orientación cívico-político, dotadas de una creativa dimensión estética, comenzaron el 21 de noviembre  de 2019 [N-21], cuando se realizó una convocatoria para la ejecución de un “Paro nacional”. Tales sucesos gozaron de amplia resonancia en los medios de comunicación y en la opinión pública.

Hubo antecedentes importantes en las movilizaciones universitarias de la Mesa Amplia Estudiantil (MANE) en 2011 (al comienzo del primer gobierno de Juan Manuel Santos), y en 2018, en los inicios de la actual administración de  Iván  Duque. Por su parte, los actos de masas comenzados el N-21 contaron con la concurrida presencia de muy diversos sectores sociales, pero registraron, como fue señalado, la presencia protagónica de los jóvenes, en calidad de actores sociopolíticos cada vez más conscientes de su papel histórico, por lo que es de ignorancia o mala fe señalar que estos actos masivos de protesta fueron producto de la “manipulación de “agentes foráneos” o de algunos políticos nacionales, como lo han proclamado sectores de derecha. Por el contrario, con el liderazgo juvenil se ha expresado en esta amplísima movilización ciudadana un profundo y visceral descontento, indignación y denuncia, en primer lugar frente a varias políticas del Estado colombiano y con respecto a diversos representantes suyos, como el ESMAD (“Escuadrones Móviles Antidisturbios” de la Policía Nacional), la mayor parte de los partidos políticos, la Presidencia, el Congreso y las Altas Cortes.

Para ilustrar este tema, puede señalarse que en enero de este año, la Universidad del Rosario de Bogotá lideró una encuesta realizada a 2.513 jóvenes, entre 18 y 32 años, en 10 ciudades del país.[1] Se llevó a cabo un conjunto de preguntas a todos los integrantes cubiertos por este estudio sociocultural. Una de ellas fue: “¿De las siguientes instituciones, en cuál confía?”. En el primer lugar de esta selección (frente a 14 instituciones propuestas), aparece: “Universidades públicas”, con un 73%. En los tres últimos lugares, la encuesta registra: “Jueces de la República”: 19%, “Presidencia de Colombia”: 13% y “Congreso de la República”: 12%. [2] Los investigadores realizaron asimismo talleres para registrar algunas “emociones” expresadas por los participantes. Al plantearles a estos qué instituciones, situaciones o personas de la vida nacional asociaban con la “ira”, el estudio afirma “Frente a esta emoción ambos resultados [la encuesta y los talleres] coinciden: Senador Álvaro Uribe Vélez, Presidente Iván Duque, el Gobierno y la Corrupción.” [3]

El movimiento del N-21 ha expresado una profunda crisis de legitimidad y representación de nuestro sistema político, resentida en especial por las nuevas generaciones. Se ha denunciado la  corrupción, la cual se identifica con los políticos y funcionarios públicos. “El poder es peligroso / atrae a los peores / y corrompe a los mejores”. “Los gobernantes se vuelven sordos / cuando los gobernados / hacen escuchar su voz”, rezaban visibles pancartas exhibidas en esos días agitados e intensos de noviembre y diciembre. Es la generalizada indignación moral y política que tiene por causa el que los dineros públicos, aportados por todos los contribuyentes, sean apropiados de manera ilegal y encubierta por unos pocos. Sin que en el movimiento social y político en referencia se haya planteado realizar un proceso revolucionario, un cambio radical del sistema económico o sociopolítico vigente, sí se puede afirmar que ha existido un sentimiento, común a sus integrantes, de sufrir diversas “injusticias” por la prevalencia de intereses corporativos y la acción monopólica y excluyente, en el sentido económico y político, de minorías egoístas y predadoras.

Las nuevas generaciones asisten en el país a una difícil situación en la que los canales de ascenso social se han ido estrechando, la “circulación de las élites” se vuelve más reducida y la concentración del ingreso es creciente. La desigualdad  se constituye en un problema central que ha sido subrayado en las manifestaciones. “La desigualdad social es el corazón del desencanto social”, expresaba una de las pancartas en esos días. Por su parte Alicia Bárcena, directora de la CEPAL, ha señalado recientemente para América Latina que la existencia de una gran disparidad en la repartición de la torta de ingresos y un aumento de la inseguridad económica de las familias “ayuda a entender la insatisfacción que se expresa en las calles”. Existe en estos países una cultura del privilegio que favorece a los de arriba, “pues naturaliza las desigualdades, la discriminación.” [4] En nuestro país, el economista Luis Jorge Garay ha señalado que, en relación a la distribución de ingresos en la región, Colombia está situada entre las tres naciones con más desigualdad, junto a Brasil. Y más preocupante aún es la concentración en la punta de la pirámide de ingresos. En 2017, el 0.1% de los contribuyentes más ricos obtuvo el 20% del ingreso bruto, mientras el 10% se quedaba con el 51% de los ingresos nacionales. [5] “La desigualdad social es más violenta que cualquier protesta”, coreaban estudiantes de la Universidad Nacional en estos eventos.   

Sí, es cierto, se ha registrado desencanto y desesperanza, rabia e indignación entre los  manifestantes, en especial los más jóvenes. En la encuesta juvenil comentada, se afirma: “Los problemas más frecuentes están relacionados con la economía, y estos a su vez, con la falta de empleo y oportunidades. Haciendo evidente que las necesidades laborales son los temas que más les conciernen a los jóvenes en su cotidianidad.” [6] En efecto, la tasa de desempleo en Colombia ascendía (antes de la crisis de la pandemia del Covid-19), al 12%, mientras que la de los jóvenes ascendía al 16% y la de las mujeres al 20%. Pero a estas cifras deben agregarse otros problemas que afectan con especial gravedad a quienes apenas ingresan al mercado laboral. Se trata de las situaciones del subempleo, la precarización del trabajo (con los contratos a término fijo), el trabajo por horas, la altísima rotación laboral y la situación crítica del segmento juvenil de los  “ni…ni”: aquellos que ni estudian, ni trabajan. Otro cartel exhibido por los manifestantes decía muy elocuentemente: “Se metieron con la generación / que no tiene nada que perder / ni casa, ni trabajo, ni jubilación / no tenemos nada / ¿qué miedo va a haber?”

Como un motivo de descontento generalizado en las protestas se ha registrado la falta de compromiso, si no la hostilidad del presidente Duque y del partido de gobierno frente a la implementación del histórico Acuerdo de Paz, en 2016, realizado entre el Estado colombiano y las autodenominadas Fuerzas Armadas de la Revolución Colombiana (FARC), el grupo guerrillero más antiguo y con mayor número de integrantes, del hemisferio occidental. A esto se suma la atroz realidad de los “falsos positivos”, los asesinatos de líderes sociales y la muerte aleve del estudiante Dilan Cruz, entre otros temas de denuncia similares presentes en las protestas. Después de un atroz conflicto armado como el que ha vivido Colombia en los últimos 70 años, estos insucesos han conducido a este emergente sector de ciudadanas y ciudadanos a considerar la vida y la paz como bienes colectivos inapreciables, cuyo valor primordial debe defenderse. “La vida es sagrada”, ha sido otra de las consignas emitidas en las movilizaciones. “Gracias valiente, por defender nuestros derechos”, decía un cartel que portaban estudiantes de bachillerato, como lo era Dilan Cruz. Por su parte, un grafiti expresaba: “Un país que no respeta la vida, es un país que no va bien”.

En este crítico primer semestre de 2020, los colombianos tenemos el reto histórico de superar la peligrosa y ascendente pandemia del virus denominado Covid-19. En medio de la incertidumbre en la cual estamos viviendo, y frente a la dramática precariedad de nuestro Estado y de sus instituciones para hacer frente a esta grave crisis de salud pública, social y económica (sin antecedentes en nuestra historia) debemos desarrollar virtudes cívicas como la disciplina social y la colaboración ciudadana, además de exigir un más decidido compromiso institucional y la intervención pertinente e informada de los científicos y del personal de salud. Pero este necesario, aunque temporal confinamiento, no puede nublar las razones de la protesta ciudadana. En efecto, como lo ha señalado Marta Lagos, socióloga chilena y directora de la encuesta regional Latinobarómetro: “El coronavirus no frenó la protesta en América Latina, sino que más bien expuso sus motivaciones. Queda claro que los problemas sociales, políticos y económicos que tenían los países de la región, especialmente Chile, Ecuador y Colombia, subyacen también en la crisis de la pandemia. La precariedad, la discriminación y la inequidad solo se hacen más visibles mientras esta se manifiesta”. [7] Es posible superar el reto formidable de la pandemia y, confiando en que así sea, el movimiento ciudadano y político iniciado el 21 de noviembre pasado podrá continuar con nuevas estrategias, renovados sectores de población y objetivos potentes y definidos que puedan ser realizables, a corto y mediano plazo.


[1] Universidad del Rosario. Qué piensan, sienten y quieren los jóvenes? Bogotá. 2020.

Esta investigación sobre los jóvenes colombianos, registra una representatividad en lo referente al origen regional, género, clase social y afiliación étnica. El universo cubierto por la muestra, ascendió a 4.000.000 de personas.

[2] Ibíd. P. 15.

[3] Ibíd. P. 151.

[4] Cit. Ricardo Ávila. El Tiempo. Bogotá. 4 de diciembre de 2016.

[5] Ibid.

[6] Universidad del Rosario. Qué piensan, sienten y quieren los jóvenes? 2020. P. 28.

[7] El Espectador. Bogotá. Abril 23 de 2020. Edición digital.

21 noviembre, 21N, Paz, Resistencias

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